Antonio Prieto – El laberinto

Os presentamos hoy el cuarto relato de Antonio Prieto:

El laberinto

Nos dejaron a la puerta del laberinto y nos dieron a elegir. A la izquierda había el desierto absoluto, a la derecha el mar sin fin.

Nos lanzamos corriendo a ver quien era capaz de alcanzar la gloria de ser el primero en encontrar la salida. Todo era prisa, ruido y desorden. Al cabo de varios días hubo que parar para organizarse, reagrupar a la gente y  buscar a los perdidos. Los lógicos explicaron que había que seguir siempre en línea la dirección del sol al mediodía o cierta estrella por la noche. Pero después de semanas comprendimos que la línea recta era un imposible. El laberinto es a veces un pasadizo estrecho de paredes de adobe donde sólo cabe una persona, hay que andar en fila india y a veces se llega a un rincón sin salida por lo que hay que volverse uno a uno y hacer correr la voz para que el último desande el camino. Otras veces salimos a valles tan abiertos y extensos que nos olvidamos del laberinto,  pero seguir la estrella en medio de un lago, de un volcán o de la corriente de un río es un suplicio que nos ha cansado.
Los astrólogos decidieron entonces leer la dirección en las cartas o en las vísceras de los animales que sacrificamos. Esto hace que a veces andemos siempre durante varios días girando a la derecha, otras en zigzag, e incluso hemos vuelto por nuestros mismos pasos para llegar al mismo sitio siguiendo las indicaciones de los dados. Por eso los sacerdotes ocuparon la vanguardia, sólo pidieron nuestra fe inquebrantable y durante meses o estaciones los seguimos sin rechistar, hasta que empezaron las deserciones, los altercados y las divisiones. Un joven fuerte golpeó a los que insultaban a los sacerdotes, y con cierto magnetismo planeó acampar mientras se  calmaban  los ánimos,  y enviar parejas de exploradores por los trece caminos que nos rodean.
Construimos cabañas que luego fueron casas;  hospital, iglesia, escuela, taberna, mercado y cementerio. Surgió un hortelano, alfarero, predicador, mendigo,  prostituta y ganadero.
Durante estos años han ido regresando las parejas de exploradores, cuentan haber visto muchos sitios, animales, fenómenos. Pero nadie trae noticias de la salida. Una pareja encontró a otra durante la búsqueda y volvieron juntos muy amigos. Ahora son los más ricos gracias a su taberna. Otra decidió quedarse un tiempo en una cueva con cataratas y ahora las visitamos cuando nos sobra el tiempo. Casi habíamos olvidado nuestro laberinto pero esta mañana ha vuelto la última patrulla que faltaba. Ha pasado tanto tiempo que la dimos por muerta hace ya mucho, y nadie se acuerda ni de sus nombres ni de sus caras. Pero la noticia nos ha hecho a todos salir a recibirlos. Han llegado viejos, hablan atropelladamente de lo que han descubierto y no han parado de galopar desde que comprobaron la salida. Dicen que está flanqueada por un mar infinito y por un desierto absoluto, o al revés.
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Una respuesta to “Antonio Prieto – El laberinto”

  1. hortensia pereira Says:

    Ralmente es un texto maravilloso el de este Prieto, estos Prietos son muy imaginativos.

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